DOCENCIA Y LITERATURA: OPCIONES DE VIDA.
Por Luis Enrique Arce Navarro.
Educador-Escritor.
Quien haya cursado Educación Primaria con la oportuna orientación pedagógica de maestras o maestros creativos y con inclinaciones artísticas literarias, será una persona a la que en algún momento, los aportes recibido, se le convertirán en los insumos necesarios para abrirse carrera artística literaria.
No es necesario que el educador sea un experto en artes, literatura, música u otros. Sí es necesario que sea una persona sensible y de gusto por las artes y las letras. Que sea un lector conciente de que los favores que recibe de la lectura son armas en su ayuda y que le beneficiarán en su trabajo.
El educador lector, podría convertirse en un subversivo necesario contra un sistema tradicional, conservador, desgastante y caduco. En buena hora que lo sea y dé ejemplo de revolucionario indispensable.
La lectura es la base en la que toda persona encuentra impulsos para su realización satisfactoria. Leer nos hace aprender y reaprender, incluso nos lleva al acto del desaprendizaje, principalmente nos involucra con la duda, que es el momento más importante para aprender porque quien duda aprende. En esto de aprender muy bien lo dijo Paulo Freire: “El enseñar no existe sin aprender, y con esto quiero decir más de lo que diría si dijese que el acto de enseñar exige la existencia de quien enseña y de quien aprende”1
Cierto que para enseñar se parte de lo aprendido y nadie enseña si no sofoca la curiosidad, la creatividad, el talento y los deseos. La lectura literaria nos induce a fogonear las neuronas necesarias, nos lleva por el reto y la cuestión. El educador que se cuestiona
por razones del arte, es más que quien se cuestiona por actos políticos, o de otra índole que no signifiquen más que el mínimo esfuerzo.
Al niño o niña formada con la ayuda de docentes lectores y sensibles con la literatura u otras artes, queda a un chispazo del acelerador que le daría las direcciones necesarias para entrar en etapas del disfrute y la producción artística de textos, música, y otras. Este chispazo, es muy personal porque se originará en el propio yo artístico cultivado en esas etapas de la formación.
Salvo escasas excepciones, el hogar y la escuela son imprescindibles. El hogar, como un enorme vientre acelerador hacia la metáfora de la vida; la escuela como el generoso catalizador que organiza, promueve, abre espacios de comunicación, rompe hielos y ofrece caminos.
Con qué dulzura se abriría el alma de María Isabel Carvajal en el momento de narrar cuentos a sus alumnos. Con qué entusiasmo se moverían las palabras en su boca. Con qué gestos acogedores, recibirían los infantes aquellas narraciones. Carmen Lyra que nos enseña desde siempre, nació para hacer feliz a sus semejantes, y hacernos conscientes de realidades socio políticas.
Ella fue Maestra que disfrutó ser docente y escritora y que por disposición natural dio sus energías para construirse y construir vida, entusiasmo carisma, y demás en sus alumnos. También fue mujer de luchas sociales, de participación abierta con ideas fuertes, al extrema que fue exilada dado que al gobierno de turno no le convenía una Maestra como ella que hiciera sentir rebeldía social necesaria.
Qué decir de don Isaac Felipe Azofeifa, el Maestro por antonomasia, que en las aulas y con la poesía nos enseñó espacios incorruptibles. Suave y santa su voz legaba hondos sentimientos.
En Áncora (setiembre 2009) Carlos Francisco Monge dice de él:
“ (…) Su labor docente en el campo de la enseñanza de la lengua y la literatura, le permitió clarificar y desarrollar en su prosa el análisis de las relaciones entre el lenguaje del poema y el lenguaje de la crítica; entre el universo de la creación y los territorios de la reflexión”
Más adelante en este mismo texto Monge dice que: “Lejos de considerarlas excluyentes, su condición de profesor de castellano y su vocación de poeta, fueron complementarias para Azofeifa”
El siglo XX en Costa Rica fue un siglo de maestros y maestras escritores, que desde las aulas convirtieron la docencia en un apostolado y un espacio para la realización humana: Persona alma. Persona arte. Persona poesía. Persona saber.
Pues así fue: Docentes escritores que tanto disfrutaban de la literatura, como de la docencia. Ellos y ellas que nos heredan su ejemplo, tan desacatado en estos tiempos de cruda realidad neoliberal.
Si a la educación la administraran docentes y Maestros y no los políticos, los resultados serían diferentes. Quizás como se obtuvieron en los primeros cincuenta años del siglo pasado. Decimos nombres de Carlos Gagine, Roberto Brenes Mesén, Adela Ferrero, Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Omar Dengo, Luisa González, Carlos Luis Sáenz, Emma Gamboa, Jorge Charpentier, Carlos Luis Altamirano, y qué decir de don Fernando Centeno Guell, que nos deja todo un legado de amor por la educación especial...
La lista de Maestros del siglo XX es larga porque en ese entonces con ser docente se pertenecía a una clase diferenciada, y si al lado se era escritor, poeta o novelista, pues ni qué decir porque ellos y ellas (Maestros y Maestras) establecieron escuela y credibilidad nacional. Crearon espacios de la inspiración al trabajo, a la poesía, al cuento, la novela, textos que en los temarios de estudios fueron baluartes para formar y modelar conductas.
Otro singular Maestro, escritor y docente lo fue Arturo Agüero Chaves (1907-2001), poeta y lexicógrafo, autor del Romancero Tico. Don Arturo contribuye con sus estudios minuciosos. De él, Carlos Francisco Monge en Áncora de fecha antes citada, opina: “Empezó con la poesía, vivió con la docencia y culminó su obra con su gran pasión: la lingüística. No fue un crítico de literatura, sino un meticuloso observador de la variedad costarricense de su idioma.”
Como vemos, la literatura es una ayuda asombrosa a la docencia, un complemento que levanta el entusiasmo por el aprendizaje. ¿Quién no entiende a las plantas, y aprende de pétalos, de flores, de tallos, de amor y hermandad: cultivando: “una rosa blanca en junio como enero, para el amigo sincero que nos da su mano franca”?
Posiblemente la guerra recibiría mayor rechazo humano, si de la boca de todos los maestros y maestras del mundo, al unísono se cantara:
Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.
Ni un cuchillo ni un rifle para nadie:
la tierra es para todos,
como el aire.2
La literatura, con el texto en la praxis, permite al educador contextualizar animadamente temas de una y otra asignatura, y así llevarlos al currículo como una alternativa para el aprendizaje duradero. ¿Quién iba a creer que los alumnos de Frank MacCourt, (autor del libro “El Profesor”) convertirían recetarios de comidas en partituras, canciones, cuentos y poemas? Él lo hizo porque la literatura le permitió ser un profesor decidido a los cambios y a las novedades y así dar el combate al aburrimiento en el aula, al bostezo como consideran algunos estudiantes costarricenses a sus centros educativos. Los estudiantes tienen derecho a disfrutar del contenido de las lecciones. Tomemos en cuenta de nuevo a Paulo Freire que ya hemos citado. Dice don Paulo: “O nos adherimos al estudio como un deleite y lo asumimos como una necesidad o el estudio es una pura carga, y como tal, la abandonamos en la primera esquina.” (P.45)
En la simbiosis: educando educador, educador educándose conviene estar bien, porque en el aula y demás espacios formativos está el “combate.” Educar nunca ha de ser un vacío o un abstracto, sino realidades. La escuela, sitio donde pueden crecer las debilidades o se empinan las fortalezas. Es lugar para abrir puertas a las satisfacciones y negar a las frustraciones.
La docencia, por definición, será siempre enemiga de la ignorancia. Para que se dé como tal, tiene que producir inspiración, dejar rayos de luz imperecedera, alistar vidas para la vida, donde el espíritu creativo decida los mejores resultados.
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Fui docente por casi treinta años y como tal, utilicé todo aquel recurso literario posible para que los educandos convirtiesen sus presencias en ratos de felicidad, ¡claro! que en la búsqueda de momentos de bienestar y aprendizaje práctico para siempre.
Al entrar en la docencia, la literatura se convirtió en mi fiel aliada. Fue cuando recurrí al recuerdo de mis maestras, a sus técnicas, métodos y experiencias con que me ayudaron a crecer.
Tuve una maestra que nos declamaba poemas y nos leía cuentos con fervientes emociones. Así fue como empecé a conocer a Darío porque ella nos declamaba “Los motivos del lobo”, o “Margarita está linda la mar”. Del mismo modo la recuerdo cantando. Su voz melodiosa, por poquito regresa a mis oídos. Esa misma docente nos decía lindísimo “Mercando Leña” de Aquileo Echeverría, y aquellos versos de Juana Ibarború: La loba la loba, / le compró al lobito, un calzón de seda / y un gorro bonito.
Afirmo que esta maestra mía de la que les digo, tenía claro al pedagogo Federico Froebel quien manifestó que: “No nos cansaremos, de recomendar el ejercicio de la declamación, pero cuando el niño comprenda el sentido de las cosas y de las voces…”3
Declaro cariño para ellas, mis maestras quienes hicieran que el texto literario se convirtiera en mi mejor aliado y productor de experiencias, de sensibilización, y conciencia, tanto en los educandos, como en mí principalmente.
Si el caso temático era con las fases de la Luna, mi mejor amigo fue Federico García Lorca, porque…
La luna vino a la fragua
con su polizón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
Si el asunto se relacionaba con el mar, el agua, o cualquier recurso natural, recurría a poetas como Rafael Alberti, a Fernando Luján, al mismo Federico García Lorca, o a quien que me diera la mano para extender las mías a los niños y a las niñas.
El mar y toda su cosecha temática, me hizo incontablemente feliz. Le hice poemas para leerlos con los niños. Por ejemplo en mi libro ENTONCES PASA UN SOL4 (página17.) Este fue un texto hecho para los niños de segundo grado de la Escuela de San Pablo de Platanares, donde labore casi cinco años.
Estoy seguro que mis clases fueron un laboratorio de expresión oral y escrita, un taller para aprender de los niños, y que ellos lo hicieran conmigo.
¡Que la asignatura fuera Ciencias o Matemáticas, Estudios Sociales!, no había impedimento. Para el desarrollo de los temas, con frecuencia acudí a la elaboración de textos, con base a las vivencias de los educandos, recurrí a las anécdotas del pueblo, a mis propias experiencias, a la experimentación científica, al apoyo fiel del cuento, de la poesía o del fragmento novelesco.
Tengo que decir de mis creaciones literarias para mis alumnos. Por ejemplo en el desarrollo del tema: La deforestación, y todo el escenario catastrófico ambiental, producido por la tala indiscriminada de árboles, redactaba cuentos y poemas.
Recuerdo con gusto cierta vez que le entrábamos al tema de los accidentes laborales. En una escuela rural, nada mejor —me dije— que leerles el cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga, aquí las serpientes producen accidentes.
Leído el cuento llovieron anécdotas de los niños y las niñas. Que a mi tío lo mordió una bocaracá y vieras que… Un día a mi mamá se le enrolló en una pierna, así semejante un culebrón, grandísimo, —dijo una niña.
De toda esa gran experiencia reconstructiva, se obtuvo suficiente información, también dibujos, textos con cuentos, exposiciones orales, y más que fortalecieron el tema.
La literatura conmigo fue y es mi mejor aliada. La amo, por lo que me ha dado y me da, por lo que la he disfrutado, y lo hecho en aquellos años (medios y finales de la década de los setentas del siglo XX) que empecé carrera docente.
En ese tiempo, de los años setentas y los ochentas, ya era un escritor principiante. Me gustó leer desde que pude entender que las palabras y yo nos llevábamos muy bien, que las palabras son…, lo digo citando a Neruda:
“Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío.”
De “Confieso que he vivido.”
Todas esas experiencias y mi encuentro constante de la literatura en los actos de la docencia, fueron ensanchando mi entusiasmo por la lectura y dándome la oportunidad de encontrar —y seguir encontrando— errores en mis poemas, y cuentos cortos que a la edad de los diecisiete años empecé a garabatear en el cuaderno de recuerdos y suspiros amorosos normales en la adolescencia.
La época que me correspondió estar en el sistema educativo, fue un tiempo sin los avances tecnológicos que hoy día pueden aprovechar y disfrutar los educadores. En aquel entonces había que salirse de la clase repetitiva, magistral y utilizar todo el recurso posible, desde los desechos de cartón, botellas, plásticos, periódicos, hasta la limitada tecnología de aquellos años. Al educando no se le puede someter a la silla por lapsos tan prolongados. Ochenta minutos son una eterna tortura, en los centros educativos. Ahí sentados, oyendo, o sumidos en la rutina de las fichas y cuestionarios en abuso, o copias de textos del pizarrón o el empedernido fotocopiado… ¡Qué horror, convertir la escuela en un lugar fastidioso!
¿TARDES RURALES, SIN QUÉ HACER? Si la tarde estaba lluviosa, y la mejenga se ponía imposible por los charcos en la plaza de fútbol, quedaba la linda alternativa de leer a solas. Como nos dejo dicho don Joaquín García Monge: “En un rinconcito, y con un librito”. Qué rico escuchar los goterones de agua en el tejado, y el frío siendo combatido por la aguadulcita en jarro. Las palabra ahí como retando a conocerlas y decirlas en voz alta.
Lo mismo me pasó en las tardes de escuela rural. No se podía viajar a casa, sino mes a mes. Eran tarde y principios de la noche, con los libros que tanto me han dado. Por ejemplo: En la primera escuela que laboré, no me hacían falta los libros comprados porque los textos ODECA-ROCAP contenían textos de autores clásicos. Recordar uno por uno, es difícil, pero sí recuerdo que toda la biblioteca de esa escuela la leí en tardes declaradas por mí: “Tardes rurales, sin qué hacer”.
Posiblemente toda esa excitación por las letras, todas las lecturas y experiencias, fueron dándome el camino y el desarrollo de la bien llamada “inteligencia literaria”, porque es a partir de 1980, en el Taller Pablo Neruda”, (creado en San Isidro de El General, por William Garbanzo Vargas, Iván Moreno Rampani y Hernán Cruz Rodríguez, entre otros y otras que no recuerdo los nombres) que me entusiasmé por formalizar mis intenciones, y someterme a conciencia para hacer de mis goces literarios la realidad, ya urgente: Escribir poesía, cuento novela, e incluso ensayo.
Antes de esta experiencia en el taller literario, escribí cartas de amor en adolescencia y principios de juventud; cuentos y poemas, para los niños, y directo en el pizarrón quedaban las frases, los versos, y los fragmentos de cuentos; algunos con base en los temas curriculares o del ambiente comunal.
La parte primitiva del escritor que viví, la hemos vivido todos y todas. La vida nos toca con nostalgia en determinados momentos, nos da para estar alegres o románticos enamorados, por lo que me atrevo a afirmar que todas y todos nacemos con un escritor por dentro, que con el paso del tiempo algunos y algunas lo echan a volar, a estar con nosotros y darnos la mano para la retroalimentación y el espiritual tan necesario en momentos de apremio existencial. Mientras que otros y otras humillan ese potencial, lo encarcelan, lo reprimen hasta desaparecerlo totalmente, quedándose en la aridez literaria, con ese vacío que lo limitará, incluso, para el disfrute de la lectura, tan necesaria en los docentes.
MIS PROFESORES DE PEDAGOGÍA. Tuve profesores de buena calidad; sobre todo aquellos y aquellas que emigraron de Chile cuando se dio el golpe de estado el tirano genocida Augusto Pinochet. Aquí en Costa Rica y en la Universidad Nacional, trabajaron en aquel tiempo de mis primeros estudios universitarios de los años 1973-1974-1975. Ellos y ellas supieron meterme en los textos para despreciar la ignorancia y el oscurantismo malvenido de las ideas esclavizantes y sometedoras. Ellos y ellas, combinados con los y las profesoras costarricenses aportaron en mí, a cambio de lo que yo dejé en ellos y ellas. Incluso los malos profesores supieron enseñarme a no seguir sus caminos de la repetición y la tortura a causa de sus lecciones bostezo, como dicen los jóvenes costarricenses.
La vida nos da la oportunidad de rodearnos de mejores amigos y de amigas, porque quien aspire practicar un arte, sea literario o artístico, tiene que escoger a sus amigos. Aquí hay algunos de ellos y ellas que no voy a mencionar.
No es un absurdo decir que la literatura es docencia, que siendo arte enseña, nos guía, nos ayuda a producir. Ser escritor y educador (conjuntamente) se convierte en una asociación indisoluble que da resultados duraderos en la formación de las personas.
En la actualidad, Costa Rica cuenta con buenos y buenas escritoras en las aulas de secundaria, de primaria y universitaria. Me atrevo a decir nombres como Carlos Francisco Monge, en la Universidad Nacional, donde también trabajó Alfonso Chase. Digo Fernando Contreras, Julieta Dobles Izaguirre, Rafael Ángel Méndez (historiador, educador y escritor), Miguel Fajardo Korea (en Liberia) Javier Olivares Ocampo (En Río Claro de Golfito) Y hay más que están ahí enamorados de enseñar porque se han dejado amar por la letras y el arte. Es bueno que los haya. Creo que entre más lo sean, la población escolar saldrá beneficiada.
He dejado “mi amor enamorado” de la docencia desde el año 2001. Ahora sigo con mi amor de siempre enamorado: La literatura. Escribo, leo y escribo. Pienso y hablo de literatura, de docencia y temas políticos nacionales e internacionales, con mis amigos y amigas.
Seguiré creciendo hasta el momento final de este importante compromiso, la vida.
BIBLIOGRAFÍA CITADA:
— Arce, Luis E. ANTOLOGIA DEL CLUB DE POESÍA INFANTIL. (Único ejemplar inédito). 1982.
—————— ENTONCES PASA UN SOL. Editorial Costa Rica. San José, 2005.
—————— FRENTE AL TIEMPO. Editorial de la Universidad Estatal a Distancia. San José, Costa Rica. 2
— Freire, Paulo. CARTAS A QUIEN PRETENDA ENSEÑAR. Siglo XXI, editores Argentina. 2003. P.28
—Monge, Carlos Fco. MUSAS Y MUSEOS LITERARIOS. Áncora, La Nación. Setiembre 2009.
— Froebel, Federico. LA EDUCACIÓN DEL HOMBRE. Ediciones de la Universidad de Chile, 1968. P.95.
—Neruda. Confieso que he vivido. Editorial Randon House. Barelona, 2008. P. 78.
1 Freire, Paulo. CARTAS A QUIEN PRETEND ENSEÑAR. Siglo XXI, editores Argentina. 2003. P.28.
2 Jorge Debravo, Nosotros los hombres. ECR. 2006. P.69
3 Froebel, Federico. LA EDUCACIÓN DEL HOMBRE. Ediciones de la Universidad de Chile, 1968.
( P.95.)
4 Arce, Luis E. ENTONCES PAA UN SOL. ECR.,. San José, Costa Rica. 2005.
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